Típico, vas en el metro rumbo a la chamba en un vagón atascado de gente, soportando olores y humores.

Entonces, tu único ápice de alegría es saber que utilizarás las escaleras eléctricas, eso sí, formado de lado derecho para no estorbar.

Llegas a la estación en la que debes descender y ¡pum! resulta que no sirven, ninguna escalera eléctrica funciona.

Lo peor: debes subir esos kilométricos escalones de la línea naranja del metro de la CDMX.

Seguramente lo viste en las noticias, pero nada es como vivir el asunto en carne propia.

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Y entonces me pasó, me tuve que enfrentar a años de sedentarismo y de adicción al tabaco.

Comencé a subir, uno a uno esos escalones, pensé “no me puede ir tan mal, son sólo unos escalones”.

Pero ¡oh error!, a mitad de escalera ya estaba mi pulsó cardíaco como a mil por hora, de esas veces que sientes el corazón en la cabeza.

Voltee a mi alrededor y vi que no era el único que batallaba con la pesadez y las consecuencias de la nula actividad física.

¡Lo logré! Subí la primera tanda de escaleras que están divididas en tres con 16 escalones, cada una.

Sí, me dio tiempo de contarlos y seguramente no fui el único que buscó distraer su mente del cansancio de esa manera.

Pero, faltaba otra tanda de 3 x 16, mis piernas comenzaron a temblar por el esfuerzo.

Entonces apliqué la de “ayude a sus semejantes”, y me acerqué a una persona de edad avanzada, que se veía le costaba el triple que a mí, subir.

Le dije: “apóyese en mi brazo, así lentos, pero seguros”, la señora sólo sonrió entre su jadeo de respiración.

Y ahí vamos, subiendo, paso a pasito. ¡Lo logramos!, exclamé a la mujer a mi lado y ella dijo, ¡faltan las de la salida!

Claro, esas últimas escaleras que marcan la salida del metro al mundo exterior.

Se me hicieron menos pesadas que las primeras, pues al subir despacio, mis piernas y pulmones pudieron responderme.

Recuerdo que lo primero que pensé al pisar suelo callejero, fue: “ya voy a hacer ejercicio y dejar de fumar”.

Ninguna de las dos cosas ha pasado hasta hoy.

En redes sociales vi que había “ayudantes” para los necesitados, pero al parecer sólo fueron fantasmas, porque nunca los pude localizar.

La lección: Haz ejercicio, para enfrentar estas pruebas que nos pone la vida, o el ineficiente servicio del transporte colectivo metro.

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