Típico, sales del trabajo a tiempo y piensas: ¡Ahora sí llegaré temprano!, pero ¡oh sorpresa! todo se arruinó.

Es entonces cuando aparece el indeseado “tránsito vehicular”, o coloquialmente conocido como: “tráfico”.

Entonces, estábamos en la salida tempranera.

Corrí para alcanzar el camión, de lejos vi que se acercaba a la parada y no me quedó más remedio.

De lo contrario, tendría que esperar cerca de media hora a que el siguiente camión se dignara a pasar.

Subí al transporte, por suerte había lugares y me senté junto a la ventana, para evitar las molestas bolsas y panzas del pasillo.

Como todo buen Godín, me deslice hacia los brazos de Morfeo cayendo en un profundo trance de meditación, o sea, me dormí.

Antes de eso, recuerdo haber visto el reloj, eran las 5:30 pm y pensé que me daría tiempo hasta de ir al GYM.

Cuando desperté, el camión estaba en otra ruta no desconocida para mí, así que sólo me quedé ahí sentado, esperando a reaccionar.

La gente a bordo comenzó a descender de la unidad, el camión permanecía inmóvil sobre la avenida.

Alrededor, los automovilistas decidieron apagar la marcha, y por la ventana se veía una fila de gente caminando.

Todos ellos oficinistas. Las damitas Godínez sufriendo con los tacones; y los hombres, sudando con el saco puesto.

El camión en el que iba se quedó vacío, sólo quedaba el chófer y yo, y me acerqué a preguntarle lo que estaba pasando.

Me respondió: “Está bloqueado, está todo cerrado, no vamos a avanzar mejor camine al metro”.

Sólo asentí a decirle: “Buena suerte, señor”. Miré el reloj y eran las 7 de la noche, pasaron dos horas en ese camión.

El trayecto común es de media hora.

Emprendí mi camino, estaba a unas diez calles del metro y ahí voy, con todos los colegas Godínez.

Unos riendo, otros quejándose del caos que puede ocasionar el cierre de una simple calle en la CDMX.

Lo mejor fue cuando entré al metro, el andén estaba libre y lo vagones también, me tocó lugar.

Lo malo, ni porque salí temprano… llegué igual o peor de tarde, ya ni al GYM; bueno al menos caminé un poco.

La lección: Aprende a verle el lado bueno a las cosas. 

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