¿Cuántas veces en el transporte público no te ha tocado junto a ese ser que ignora lo que es bañarse?

¡Es horrible! Es lo peor que le puede pasar a un hermano Godín, empoderado, gafete enmicado y tupper que no escurre.

Uno pensará, bueno, en el lado de las damitas eso no ocurre, pero ¿qué creen? Sí pasa y peor.

Esta historia llegó a mis manos y decidí publicarla para crear conciencia en el buen uso del jabón.

Esta es la historia de Mariana, una damita Godín que a diario se enfrenta a la peripecias del transporte citadino.

Mariana llegó a la estación de metro en la que aborda a diario para llegar al trabajo.

Se dirigió a los vagones designados para mujeres, pues llevaba falda y no quería que le pasara “lo de la otra vez”.

Suponemos que sufrió algún tipo de acoso, pues no especificó “lo que pasó”.

Entonces, Mariana cuenta que estaba formada para entrar al vagón y de pronto le llegó un olor bastante raro, que hasta le causó náuseas.

Recuerda que volteó a los lados y vio a otras mujeres con la misma expresión de “fuchi”, pero no detectaban de dónde salía el hedor.

Llegó el metro y pues lo que pasa, todas corrieron despavoridas a agarrar lugar, incluida Mariana, que si alcanzó.

Pero el olor seguía ahí, parecía que era ella misma y volvió a ver las mismas expresiones de asco en los rostros.

De pronto, a su lado, una mujer de talla extra grande. Vestía unos leggins color rosa, una playera blanca, “iba demasiado ajustada, todo se le marcaba”.

Su cabello, güero decolorado maltratado, sujetado en forma de “chongo” con una “dona” de terciopelo morado.

Y se iba a maquillar como todas las damitas Godínez que estaban ahí.

El metro encendió el aire acondicionado, pero no lo hubiera hecho, pues el olor se esparció un poco más.

Total, que Mariana se dio cuenta de que lo que olía tan mal, era la mujer a su lado, la de los leggins rosa.

No traía desodorante, era obvio que no se había bañado. Ella pensó, “pobre mujer, quizá se le hizo tarde y no le dio tiempo”.

Mariana decidió levantarse del lugar, pues no podía más con aquella peste a “sobaco”.

Una señora dio alcance para sentarse, pero otra le dijo, “no lo haga, esa señora huele mal”.

La mujer “defensora” exclamó: “Señora, ¿no conoce el jabón?

La otra sólo se soltó a reír y respondió: “Lo que no conozco a ti te vale ma…”.

Total, dice Mariana que la “apestosilla” bajó del vagón y siguió su camino. Aunque cuenta que la ha vuelto a ver, y sí, sigue oliendo mal.

Nosotros pensamos que tal vez es de las que se baña en las noches para no tener que madrugar, pero bueno, habrá que presentarle el desodorante.

La lección: No juzgues a nadie, no sabes lo que pasó antes de que tú lo vieras tan mal.

Cuéntanos tu historia, si está chida la publicamos.