Hola, queridos amigos lectores, aquí va la presentación.

Mr. Godín nació un día en un camión, cuando regresaba a casa tras un día de intenso trabajo.

Sentado ahí, mirando a la nada, comencé a recordar lo que mis compañeros me decían: “siempre te pasa algo en el transporte”.

Y la verdad es que sí, todos los días viajo en los “bonitos” camiones y el “eficiente” servicio del metro.

Y estoy seguro que no soy al único al que le pasan “cosas”, así que mis relatos van a ser sobre eso: las aventuras que pasamos todos los Godínez para poder llegar a nuestro empleo.

 

 

 

La historia de hoy se titula:

“EL ASIENTO DESIGNADO”.

 

 

 

Típico que para abordar el camión rumbo a la oficina, hay dos filas: los que quieren ir sentados y los que optan por ir de pie.

A veces hay una tercera, que es para los que de plano ya van tarde y se suben a la de a fuerza al camión.

Bien, regresando a las dos primeras. En la fila de los de pie, a veces y si tienes suerte, logras obtener un asiento.

Es como el premio, el anuncio de que un buen día está por comenzar, el aviso de que nada malo te va pasar ¿o no?

Resulta que ese asiento libre es el “reservado”, y piensas, me voy a sentar porque de todos modos somos puro Godín ¿qué podría pasar?

Y ahí vas, te toca el asiento justo atrás del conductor, del lado del pasillo, y te pones mirando al horizonte.

De pronto, sube una señora, su pelo sugiere que tiene “cierta edad” y se para justo a tu lado.

Habiendo otros seis asientos reservados, prefiere “hacértela de a jamón” a ti, y empieza, primero, a “bufar”.

Sólo escuchas el ¡osh! y su bolsa golpeando tu hombro, y tu calmado; después levanta la voz: ¡pues se supone que estos asientos son reservados, ¿o no joven?”.

Sonriente volteas y le dices: Sí, para quién sí lo necesita; ella enfurecida, responde: “pues levántate, yo lo necesito, estoy cansada”.

Tú piensas, ¿por qué a mí?, ¿sólo por qué estoy del lado del pasillo o cómo?, y decides no levantarte.

La gente alrededor te defiende: “Él se formó para sentarse”, “Él también viene cansado”.

La señora te suelta un zape para lograr sacar tu furia y que te levantes. Acto seguido, una joven la detiene.

Pide al chófer que baje a la señora porque está agrediendo al pasajero. La joven está embarazada y no alegaba por un lugar.

 

En fin, el chófer accedió y echaron a la doñita del camión, y decides darle el lugar a la chava “en Barcelona”.

Ella te dice: ¡no, muchas gracias! Tú ganaste el lugar, yo me la paso todo el día sentada, no hay necesidad.

En eso, como si fuera una película, le aplauden a la mujer y tú, apenado, te quedas sentado. Hasta que llegas a la chamba.

La lección: Dale el lugar a quién sí se lo merezca.

Cuéntanos tu historia, si está chida, igual y la publicamos.