¿Cuántas veces has bajado una app sin saber exactamente para qué la vas a usar?

En las empresas modernas pasa exactamente lo mismo. En el afán de ser “digitales”, nos enamoramos de las soluciones sin pensar en los problemas que queremos resolver. Como resultado, invertimos mucho tiempo y dinero en comprar “los juguetes de moda”, y de la misma manera que pasa en tu teléfono, muchas veces nos quedamos con soluciones inútiles u ociosas.

Por ejemplo, ahora que andas en busca de capital para iniciar tu startup, imagina que compras la nueva Macbook Pro con procesadores Intel Core de 6 núcleos, 32 GB de RAM y pantalla de retina True Tone de 15 pulgadas… y finalmente la usas para checar Instagram.

Para darle la vuelta a este problema, adoptamos metodologías de trabajo Ágiles desarrolladas en la industria de Software a finales del siglo pasado, cuyo objetivo es evitar la lentitud y burocracia corporativa que nos hace desperdiciar energía y perder el foco.

Mi recomendación del día es que leas el Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software escrito por un grupo de “Geeks” de Silicon Valley en el 2001 y que sintetiza muy bien el espíritu millennial que hoy tiene la industria Digital:

“Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar
software tanto por nuestra propia experiencia como
ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos
aprendido a valorar:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas

Software funcionando sobre documentación extensiva

Colaboración con el cliente sobre negociación contractual

Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Esto es, aunque valoramos los elementos de la derecha,
valoramos más los de la izquierda.”

Al final la pregunta es:

¿Puedes aplicar los métodos ágiles para optimizar las apps en tu teléfono?

Aunque suene raro, yo creo que sí.