INEGI dio a conocer que la economía nacional creció 2% en promedio el año pasado, con un incremento de 1.7% en el último trimestre en comparación anual.

También divulgó el dato del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de diciembre.

Éste mostró un incremento de solo 0.2% anual y ya es negativo respecto al mes anterior, con una disminución de -0.4%.

Ello confirma la fuerte desaceleración de la economía nacional.

De aquí, algunos concluyen que es necesario realizar un cambio drástico en toda la política económica para elevar el dinamismo.

Los datos anteriores recuerdan la anécdota de la persona que quería cruzar un río y preguntó cuál era la profundidad del mismo.

Al contestarle que solo tenía una profundidad promedio de 40 centímetros, concluyó que era seguro cruzarlo.

Sin embargo, no le aclararon que al principio solo tenía una profundidad de 15 cms. pero posteriormente era de 2 metros, por lo que se ahogó.

La división

Es cierto que la economía mexicana ha crecido en promedio un poco más del 2% en los pasados lustros, pero en realidad se divide de manera progresiva en dos grandes bloques:

1) Uno más eficiente, más integrado a la dinámica economía global, que se beneficia de los menores costos que obtiene como resultado de los convenios comerciales firmados por nuestro país, así como por operar bajo la sombrilla legal del Tratado de Libre Comercial.

2) Aquél que se mantiene aislado de la integración global, con un menor dinamismo e incluso con estancamiento económico.

Está división se puede identificar por ramas económicas o por zonas del territorio.

Los estados de la República que están en el primer grupo son los fronterizos con excepción de gran parte de Tamaulipas (por la fuerte presencia de la delincuencia organizada).

Los estados del centro del país como Querétaro y Aguascalientes, Guanajuato y Jalisco e incluso Colima y otros más, donde se han realizado fuertes inversiones en industrias manufactureras de exportación.

Finalmente los estados que se benefician del turismo internacional como Quintana Roo y Baja California Sur.

Todos estos estados registran un crecimiento promedio superior al 4% en los últimos lustros.

Por el otro lado se encuentran los estados que no han podido integrarse al impresionante dinamismo global de los pasados años y tienen un crecimiento promedio cercano al 1%.

En este grupo están Oaxaca y Chiapas, Tabasco y Guerrero entre otros. Especialmente preocupante es el caso de Campeche que consistentemente tiene contracción de su economía, por el grave impacto de la caída petrolera.

Resalta que en los pasados 15 años Aguascalientes, Querétaro, Baja California Sur y Quintana Roo prácticamente duplicaron su tamaño.

Mientras, las del segundo bloque crecieron menos de 20% o incluso se redujeron.

La solución

Por lo mismo, el pretender llevar al cabo una misma estrategia para ambas zonas tiene un riesgo:

El de detener el dinamismo del primer grupo, mientras que no se logren avances significativos en el corto plazo en el resto del país.

La solución está en desarrollar esquemas y mecanismos para que las zonas más aisladas puedan integrarse al mayor dinamismo nacional y de los mercados globales y no al revés.

Es decir, aislar a las más dinámicas de sus fuentes de crecimiento y de generación de empleos.

Reducir costos, elevar la calidad de la educación, hacer más eficiente los servicios públicos y la administración del gobierno, invertir en infraestructura y en comunicaciones son formas de ayudar a las zonas más atrasadas para integrarse y así crecer.