* Con miedo, España regresa a votar este domingo, en unas polarizadas elecciones legislativas que espera ganar el presidente del gobierno

 

Las últimas horas antes de que se celebren este domingo las elecciones generales en España están llenas de expectación.

Sin duda, los españoles están viviendo estos días previos con una enorme incertidumbre y gran interés.

“Hay mucho en juego. No te quedes en casa. ¡Vota!”, es el mensaje general que se escucha a todas horas en diversos foros, como por ejemplo, las redes sociales o las conversaciones de amigos en los bares.

Sin embargo, no se trata de euforia.

Los españoles votarán mañana domingo con miedo.

Lo que se conoce en el país como el “voto del miedo”.

Ya se han celebrado varias elecciones generales y autonómicas bajo el yugo de esta condicionante, pero en estos comicios va a jugar un papel protagonista.

El desencadenante del miedo en esta ocasión es la amenaza independentista en Cataluña.

Desde que se proclamó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en el Parlamento catalán, el 10 de octubre de 2017, los distintos partidos políticos han utilizado el miedo para sumar adeptos y denostar a sus adversarios.

En la actualidad, el Tribunal Supremo español celebra un juicio por aquella declaración basada en los resultados de un referéndum de independencia ilegal.

 

Miedo a la independencia de Cataluña

Lo que no consiguió la brutal crisis económica que sacudió a España a partir de 2008, lo ha logrado la amenaza independentista: el ascenso de la ultraderecha.

Los españoles conservadores tienen miedo al auge de los partidos nacionalistas catalanes, que apoyan la independencia.

Piensan que si el bloque de izquierdas gana las elecciones, el gobierno resultante pactará finalmente con los catalanes un referéndum legal para que los ciudadanos de Cataluña decidan sobre su futuro territorial.

Tienen miedo a que la unidad de España se rompa.

En este sentido, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha repetido hasta la saciedad durante la campaña electoral que “jamás permitirá un referéndum independentista”.

Unidas Podemos, por el contrario, cree que habrá que celebrar, tarde o temprano, unas votaciones pactadas -no se sabe si podrían ser vinculantes- en ese sentido.

El tercer partido de derecha, Ciudadanos –que en estas elecciones ya se ha decantado, por fin, por una opción ideológica– considera que será la llave para un futuro gobierno.

En su afán por atraer el voto conservador, Albert Rivera, su líder, ha jurado que no pactará con los socialistas. Ha dicho que al PSOE hay que ponerle un “cordón sanitario”.

 

Miedo a la ultraderecha

Por otra parte, los españoles progresistas tienen miedo a que el ultraderechista partido Vox obtenga un buen resultado en las elecciones.

Temen además que el Partido Popular (PP) -la primera fuerza política en España- forme gobierno con Santiago Abascal, el líder de Vox.

El miedo, en este caso, es al retroceso de derechos y libertades que puede significar un gobierno formado por un partido tan retrógrada y ultraliberal que cree que los ciudadanos deberían poder ir armados en aras de la defensa personal.

En un país en el que las heridas por la dictadura fascista aún supuran.

La amenaza de un partido heredero de la ideología y de los dirigentes de aquel régimen presumiblemente marcará el voto de los electores de izquierda con la finalidad de favorecer un gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

Se da por sentado que ni el PP ni el PSOE -actual partido en el gobierno, pero con minoría parlamentaria- obtendrán los suficientes votos como para poder gobernar en solitario.

Por lo tanto, los pactos postelectorales serán cruciales para poder llegar a un Ejecutivo capaz de sacar adelante la legislatura de cuatro años.

Los principales partidos en contienda han simplificado tanto el debate que han situado a los electores en el aprieto de tener que elegir entre la unidad de España o el respeto a las libertades consagradas en la Constitución.

Han introducido, así, mensajes populistas en los que el principal elemento es el miedo.

Mañana, pues, los ciudadanos españoles, lejos de poder votar con libertad al partido que más les guste y que represente mejor su ideología, votarán previsiblemente siguiendo una estrategia para evitar que gane la opción más catastrófica.

 

Imagen: AFP