La ISRO había anticipado un momento delicado, cuando dijo prepararse para vivir “15 minutos aterradores para efectuar el aterrizaje con total seguridad cerca del polo sur”. Y ese cuarto de hora justificó los temores.

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El primer ministro indio, Narendra Modi, quien viajó al centro espacial de Bangalore para ver el alunizaje, reaccionó asegurando que lo conseguido no era “un pequeño logro”. “En la vida hay altos y bajos. Su duro trabajo ya nos ha enseñado mucho y el país entero está orgulloso de ustedes”, agregó.

“Si la comunicación [con el módulo] se restablece de nuevo […] esperemos lo mejor […] Nuestro viaje continuará. Sean fuertes. Estoy con ustedes”, dijo Modi.

Lanzado el 22 julio desde una plataforma en el sur de India, el módulo de descenso Vikram de la misión Chandrayaan-2 debía posarse entre las 20  y 21 horas GMT cerca del polo sur lunar, tras un mes y medio de rotaciones orbitales alrededor de la Tierra y luego la Luna.

Una vez inmovilizado, debía liberar, entre las 00:00 y la 01:00 GMT, un pequeño robot móvil, que tendría que funcionar gracias a la energía solar durante unos 14 días y registrar muestras científicas.

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Pero la fase de alunizaje es muy compleja. Si el aparato no ralentiza suficientemente, llega demasiado pronto y choca contra la superficie. En abril, una sonda lunar israelí fracasó en el descenso y se estrelló.

India en la luna

El país asiático aspiraba a convertirse en la cuarta nación en el mundo en conseguir posar un aparato en suelo lunar, después de la Unión Soviética, Estados Unidos y China.

“India va donde probablemente estarán las futuras colonias humanas en 20, 50 o 100 años”, explica Mathieu Weiss, representante del CNES francés en India. “Es por esto que toda la comunidad científica sigue esta misión”.

Los polos lunares tienen temperaturas constantes y agua, en forma de hielo a la sombra de enormes cráteres. Son factores cruciales para poder instalar futuros centros, imaginados como terrenos de experimentación científica y bases con destino al planeta Marte.

Nueva Delhi invirtió 140 millones de dólares (124 millones de euros) en el Chandrayaan-2, un monto bien inferior a los de las otras agencias espaciales para una misión de este tipo.

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De aquí al 2022, la ISRO espera enviar a tres astronautas al espacio, convirtiéndose en su primer vuelo tripulado. Sus científicos también trabajan en la elaboración de su propia estación espacial, que podría ver la luz en la próxima década.