El ex espía ruso Serguei Skripal y su hija, que siguen hospitalizados en estado grave, fueron objeto de un intento de asesinato con un agente nervioso, en el que Moscú negó toda responsabilidad, denunciando una campaña de desprestigio.

Los hechos, ocurridos el domingo en la ciudad inglesa de Salisbury (sudoeste), donde vivía Skripal, constituyeron “un intento de asesinato mediante administración de un agente nervioso”, dijo a la prensa en Londres el miércoles el comandante de la policía contraterrorista británica Mark Rowley.

El comandante reveló que además de padre e hija, los blancos del ataque, hay un policía que resultó también afectado, y no quiso precisar el tipo de agente nervioso usado.

“Además, desgraciadamente, un agente de policía que fue uno de los primeros en llegar a la escena en respuesta al incidente está también en el hospital en estado grave”, añadió Rowley.

El gas sarín es el más conocido de los agentes nerviosos. Se trata de una potente sustancia neurotóxica, inodora e invisible, que aunque no sea inhalada, su simple contacto con la piel bloquea la transmisión del influjo nervioso y conduce a la muerte por paro cardiorespiratorio.

Las víctimas se quejan primero de violentos dolores de cabeza y presentan pupilas dilatadas. Luego sufren convulsiones, paros respiratorios y caen en coma, antes de fallecer.

“Un proceso largo”

Serguei Skripal, de 66 años, excoronel de los servicios secretos militares rusos que pasó información al enemigo, y su hija Yulia, de 33 años, que vive en Rusia y estaba de visita, fueron hallados el domingo inconscientes en un banco en las calles de la ciudad inglesa de Salisbury, en el sudoeste de Inglaterra.

Skripal, que había sido condenado en Rusia a 13 años de cárcel por pasar información a Londres, entró en un canje de espías en el aeropuerto de Viena en 2010 y desde entonces vivía en el Reino Unido.

En la noche del miércoles la cadena Sky News informó que las tres víctimas están en coma.

También otros profesionales que trataron al ex espía y a su hija requirieron someterse a un tratamiento médico, pero de forma ambulatoria. En este sentido, Rowley dijo que no hay peligro para el público.

Tras apuntar a Rusia, el gobierno británico pidió calma.

“Tenemos que mantener la cabeza fría”, dijo la ministra de Interior, Amber Rudd, tras presidir una reunión de emergencia del gobierno británico, advirtiendo que la investigación será “un proceso largo”.

Los investigadores están trabajando a contrarreloj para establecer el itinerario exacto de las víctimas y “muchas horas” de grabaciones de cámaras de seguridad están siendo analizadas, indicó la policía.

Las autoridades creen que Skripal y su hija estuvieron en el centro de la ciudad durante varias horas antes de ser encontrados inconscientes.

Según reportes, comieron en un restaurante de pizza y después visitaron un pub. Algunos testigos dijeron que ambos parecían bajo los efectos de la heroína y que no tenían heridas visibles.

La policía pidió la colaboración de testigos, amplió el cordón policial -que se centraba en torno al pub y al restaurante – y precisó que “el centro de atención en estos momentos es determinar qué (sustancia) enfermó gravemente a estas personas”.

Rowley llamó a la gente a ayudar a la policía con “las piezas que faltan en la investigación”.

El diario The Times informó que la policía está intentando determinar si la hija de Skripal, que había viajado desde Rusia la semana pasada trayendo consigo “regalos de los amigos” pudiera haber transportado el agente tóxico.

Moscú denuncia una campaña antirrusa

La reunión del gobierno de Theresa May se produjo al día siguiente de que el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, dijera en el Parlamento que Rusia es “una fuerza maligna y perturbadora”, y advirtiera: “Aviso a los gobiernos de todo el mundo de que ningún intento de cobrarse una vida inocente en el Reino Unido quedará sin castigo ni sanción”.

Moscú respondió denunciando “una campaña antirrusa en la prensa”, lamentó la portavoz del ministerio ruso de Relaciones Exteriores, Maria Zajarova, en una conferencia de prensa.

“Esta historia acabará como de costumbre: de entrada, acusaciones sin fundamento, luego guardarán sus secretos y ni los periodistas, ni la gente, ni los políticos sabrán qué ocurrió realmente”, añadió.

No se trata del primer caso de exiliado ruso envenenado en el Reino Unido: antes fueron Alexander Litvinenko (2006) y Alexander Perepilichni (2012).

El caso recuerda al de Litvinenko, el ex espía ruso, y luego enemigo del presidente ruso, Vladimir Putin, asesinado con una sustancia altamente radiactiva -polonio 210- puesta en su té en un lujoso hotel de Londres por dos agentes rusos.

Con información de AFP.

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