Hasta 1957, la mafia en Estados Unidos operaba en la clandestinidad. J Edgar Hoover, director del FBI, aparentemente les dijo a sus agentes que no debían usar nunca la palabra “mafia”. Pero ese año, un policía de provincia dejó al descubierto la sigilosa organización y puso en primer plano a los capos de la mafia estadounidense.

El oficial era Edgar Croswell, sargento de la policía estatal en el área de Apalachin, una pequeña aldea rural del estado de Nueva York.

“Él sabía que se estaban apoderando de negocios, que la mafia estaba poniendo su gente en esos comercios legítimos para poder usarlos según sus propósitos”, le dice a la BBC Robert Croswell, el hijo del sargento, quien sigue viviendo en Apalachin y, como su padre, es agente de la policía del Estado de Nueva York.

En 1957, la paciencia de Edgar Croswell fue recompensada. El 14 de noviembre, él y su diputado se toparon con una reunión secreta de la mafia en una casa en Apalachin que pertenecía a una de las personas que Croswell había estado vigilando.

Lo que interrumpieron no era una reunión ordinaria: era nada menos que la junta del consejo rector de la mafia a la que unos cien capos y sus subordinados habían acudido para ungir al nuevo capo de tutti capi.

El mafioso que vivía en Apalachin era Joseph Barbara, conocido como Joe el barbero. A simple vista, Barbara era el respetable dueño de una planta embotelladora de gaseosas. En realidad, había sido asesino a sueldo de la notable familia Bufalino -que controlaba usurpación de crédito, extorsión, juegos de azar y tráfico de drogas en el noreste de Pensilvania- y supuestamente había estrangulado a un contrabandista rival.

Todos lo grandes capos de la mafia estaban presentes, incluyendo las cabezas de las 5 familias de Nueva York, así como capos de Nueva Orleans, Los Ángeles y hasta de Sicilia, Italia.

“Descubrieron la reunión por pura suerte. Mi papá y su compañero estaban investigando un cheque fraudulento que no tenía nada que ver con los asuntos de la mafia. Estaban en un motel local y llegó Joseph Barbara Junior a reservar una gran cantidad de habitaciones pero no quería rellenar los formularios de registro”, cuenta el hijo del policía que sospechó.

Fue por eso que al día siguiente, Edgar Croswell decidió pasar por la casa de Barbara. Estacionados afuera había Cadillacs, Lincolns y Packards mientras sus dueños disfrutaban de un asado.

Edgar Croswell solicitó refuerzos y un par de agentes del Tesoro, quienes montaron un retén más adelante en la carretera. “Lo que pasó fue que vieron a la policía chequeando los autos y salieron corriendo. No conocían el área y no iban preparados para estar en ese tipo de entorno, por lo que no fue difícil para mi padre atraparlos”.

Unos 70 hombres fueron detenidos. Encontraron algunos grandes rollos de efectivo, pero ningún arma. Y debido a que en aquellos días no había normas federales que le permitieran al sargento Croswell retenerlos, al final la mayoría de los mafiosos fueron liberados.

Pero según Robert Croswell, lo que realmente le dolió a la mafia fue el hecho de que los atraparon ese día en Apalachin. “De ahí en adelante, nadie podía negar su existencia. El quedar expuesta, la publicidad, fue un golpe más fuerte que un arresto”.

Vía BBC Mundo.

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