Pocas innovaciones médicas tuvieron un impacto más masivo y social que la píldora anticonceptiva. Hoy, más de 100 millones de mujeres en todo el mundo eligen esta forma de protección contra el embarazo, según datos de la Universidad de Harvard.

“La píldora” -como se conoce comúnmente- es considerada un hito del feminismo ya que permitió que las mujeres pudieran tener relaciones sexuales sin preocuparse por las consecuencias reproductivas. Y algunos también asocian su creación con el surgimiento de la llamada “revolución sexual” de los años 60. Pero el principal rol que tuvieron las mujeres latinas en la historia de la píldora es más oscuro.

La historia se remonta a 1955. Los científicos John Rock y Gregory Pincus, ambos vinculados con la Universidad de Harvard, habían logrado desarrollar con éxito una pastilla que evitaba la ovulación. Rock y Pincus necesitaban probar la píldora en humanos para ver sus efectos pero no tenían éxito reclutando voluntarias en Boston, donde estaban basados.

Según el diario The Harvard Crimson, muchas mujeres abandonaban las pruebas clínicas debido a los severos efectos secundarios. que incluían “dolor, coágulos de sangre, hemorrágeas y náusea”. Ansiosos por avanzar, los médicos recurrieron a prácticas poco éticas: probaron su píldora en mujeres con enfermedades mentales que eran pacientes de un hospital asociado con Harvard.

Pero si querían lograr el permiso de la poderosa Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. debían realizar ensayos masivos. Fue entonces que los médicos decidieron ir a Puerto Rico; en el país caribeño estaban permitidos e incluso eran fomentados por las autoridades, que querían frenar el crecimiento poblacional.

Los científicos se asentaron en un barrio humilde en el municipio de San Juan y reclutaron a mujeres de bajos recursos. Se estima que cerca de 1.500 mujeres participaron en las pruebas. El estudio no incluía una compensación económica aunque nunca tuvieron problemas para conseguir voluntarias, pero los científicos no informaron a las pacientes sobre riesgos y efectos secundarios.

Los ensayos clínicos resultaron un éxito. Después de un año en San Juan los estudios se extendieron a la municipalidad de Humacao, en el este del país, y a la cercana Port-au-Prince, en Haití.

Sin embargo, el 22% de las participantes abandonaron las pruebas, debido a efectos secundarios severos asociados al hecho de que las píldoras contenían tres veces la cantidad de hormonas que llevan en la actualidad.

Según The Washington Post, “tres mujeres fallecieron durante los ensayos clínicos. Pero no se realizaron autopsias, por lo que no se sabe si sus muertes estaban vinculadas con el medicamento”.

Tras concluir los ensayos clínicos y una vez aprobado el anticonceptivo oral en 1960, los médicos dejaron las islas caribeñas y nunca recompensaron a sus pacientes ni les brindaron el medicamento que habían ayudado a crear.

Con un precio de US$0,50 por pastilla, la mayoría de estas mujeres no volvieron a tener acceso a la píldora. En tanto, Pincus y Rock pasaron a la historia como dos de los hombres que más contribuyeron a la liberación femenina.

Vía BBC Mundo.

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